En pocas ocasiones he utilizado el blog de esta página web dedicada a la salud en los viajes para expresar una opinión- o comentario- personal. Hoy será la primera vez que lo haga y lo haré en relación con un tema que nos tiene a todos preocupados. Tal y como intento transmitir en el título mi preocupación es si realmente los viajes – y la salud relacionada con los mismos- en la era pos-COVID-19 volverá ser igual.

En esta ocasión las agencias de viajes no van a contar con alternativas como las que dispusieron tras los conflictos de la “primavera árabe” dónde los viajes a los países del norte de África cayeron, pero se buscaron alternativas en el sudeste asiático: Tailandia, indonesia i Filipinas principalmente como destinos turísticos que cubrieron la caída de la demanda de Túnez, Egipto y posiblemente también Marruecos. En esta ocasión no habrá sustitutos posibles con una incidencia importantísima en la industria turística.

En esta primera parte analicemos alguno hechos que pueden ocurrir

En primer lugar, y a pesar de que se controle la pandemia, la crisis económica que va a seguir tendrá dos grandes efectos. Primero, la caída en la demanda de viajes y en segundo lugar, los países en vías de desarrollo habrán destinado sus recursos en la lucha contra el coronavirus lo que puede suponer el incremento de otras enfermedades como la malaria o las enfermedades de transmisión por agua y alimentos. Este problema puede tener un gran impacto en algunos países del sudeste asiático y África que no disponen de la infraestructura sanitaria de China o Corea del Sur. El incremento de estas enfermedades, y de sus vectores, puede incrementar el riesgo de adquisición entre los viajeros a zonas dónde previamente estos problemas estaban relativamente controlados.

Otra posibilidad, y si el COVID-19 se comporta como el virus de la gripe, es que mute (modifique constantemente su estructura) a medida que se expanda por diferentes poblaciones y grupos de edad. Posiblemente el virus que actualmente afecta Europa es distinto al inicial que afectó a Wuhan y posiblemente el que afecta ahora a Europa puede que sea distinto al que afecta USA.

Esta mutación adicional podría ser benigna o bien podría alterar el grado de virulencia (capacidad de crear enfermedad) que ahora aumenta bruscamente a partir de los cincuenta años.

Incluso si el virus permaneciese estable, su impacto entre los grupos de edades más jóvenes podría diferir radicalmente entre los países pobres y entre los grupos más desfavorecidos. Consideremos la experiencia histórica de la gripe española en 1918-19, que se estima que mató del 1 al 2 por ciento de la humanidad. En los Estados Unidos y Europa occidental, el H1N1 original fue más mortal para los adultos jóvenes. Esto generalmente se ha explicado como resultado de su sistema inmunitario relativamente más fuerte que reaccionó de forma exagerada a la infección atacando las células pulmonares lo que provocó neumonía y en muchos casos muerte. Sin embargo, más recientemente, se ha considerado que los adultos mayores pueden haber tenido “memoria inmune” de un brote anterior en la década de 1890 que les dio cierta protección cruzada con este virus anterior.

Sabemos que la gripe española en los países más pobres tenía un perfil diferente. Casi el 60 por ciento de la mortalidad global que se produjo (al menos veinte millones de fallecidos) ocurrió en el Punjab, Bombay y otras partes del oeste de India, donde las exportaciones de grano a Gran Bretaña coincidieron con una gran sequía. La escasez de alimentos resultante llevó a millones de personas pobres al borde de la inanición. Se convirtieron en víctimas de una sinergia entre la desnutrición, que suprimió su respuesta inmune a la infección, y las complicaciones secundarias a la infección por el virus gripal.

¿Puede pasar lo mismo con el coronavirus?

Hay muchas posibilidades. Las consecuencias desconocidas de las interacciones con la desnutrición, y otras infecciones existentes, deberían advertirnos que COVID-19 podría tomar un camino diferente, y más mortal, en las zonas de chabolismo existente en las periferias de las grandes ciudades densamente pobladas y con elevadas incidencias de distintas enfermedades de África y el sur de Asia.

Debemos tener en cuenta que empiezan aparecer casos que en Lagos, Kigali, Addis Abeba y Kinshasa, nadie sabe (y no lo sabremos durante un tiempo debido a la ausencia de test diagnósticos) cómo puede interactuar con las condiciones ya precarias a nivel local. Algunos han afirmado que debido a que la población urbana de África es la más joven del mundo, la pandemia solo tendrá un impacto leve. A la luz de la experiencia del 1918, esta es una extrapolación desacertada como lo es el supuesto de que la pandemia, como la gripe estacional, retrocederá con un clima más cálido. (Tom Hanks acaba de contraer el virus en Australia, donde todavía es verano).

Qué ocurrirá si el virus se introduce en campos de refugiados existentes en Europa (Grecia, Turquía) o África. ¿Podemos llegar a la situación de que existan determinadas bolsas de casos de forma permanente? Posiblemente, el virus ha llegado para quedarse.

Seguiremos analizando otros temas relacionados en próximas entregas.