Nota : Todo lo que vamos contar en la serie de artículos que hoy iniciamos se basa en los conocimientos actuales y en bases científicas. Cuando estas no existan, o hayan dudas o diversas opiniones, el autor lo hará constar. 

En los último días, yo diría semanas, mi equipo y yo mismo hemos recibido multitud de consultas y preocupaciones relacionadas con la nueva pandemia, lo que me ha llevado a iniciar una serie de artículos que, al menos en parte y hasta dónde conocemos, ayuden a entender que está pasando, quién lo provoca, como se expande y, finalmente, si tenemos las herramientas para pararlo y nuestros sistemas sanitarios pueden soportar el impacto de este virus en nuestras sociedades.

En primer lugar, y en mi opinión, la actual pandemia sería casi imposible sin la globalización actual. Sin la rapidez del transporte actual posiblemente esta infección no se habría extendido tanto ni de una forma tan rápida. Solo hace una semanas descubrimos un lugar, hasta entonces desconocido al menos para mi, en el interior de China: Wuhan. En esta ciudad, y  sus alrededores, apareció, a finales de diciembre el primer caso en humanos de una variante de un virus que ya conocíamos y que provoco el brote de SARS que apareció en el año 2002. En poco más de dos meses (datos a 25 de Marzo) se han producido 314.000 casos en el mundo con 19.800 muertes relacionadas con su infección y con muchas de estas infecciones posiblemente sin diagnosticar.

En pocas semanas científicos de todo el mundo se han focalizado en su estudio, su estructura y , lo que es más importante, cómo lo podemos detener (vacuna) o curar a los infectados. Muchos de nosotros desconocíamos, al menos hasta el brote de Guangdong en  2002, que existía una familia de virus llamados coronavirus identificados en la década de los 60 del siglo pasado. Se les dio este nombre al recordar su imagen en el microscopio electrónico la forma de una corona. En la actualidad conocemos más de 40 subtipos distintitos de esta familia de virus que pueden infectar a distintos mamíferos y aves y que a través de ellos pueden afectar a animales domésticos (vacas, cerdos y pollos). 

No se prestó atención como causa de enfermedad en humanos de esta familia de virus hasta el 2002 con la aparición del SARS-CoV que a partir del contagio por un tipo de murciélago causo cerca de 800 muertes en todo el mundo. El actual SARS-CoV-2, es llamado de manera similar al ser genéticamente muy similares ambos virus.

Una partícula del virus SARS-CoV-2, conocida técnicamente como virión, tiene forma de mina (figura 1) que contiene cuatro proteínas diferentes y una cadena de ARN, una molécula que, como el ADN, puede almacenar información. En este caso, esa información incluye cómo producir proteínas que el virus necesita para reproducirse a  sí mismo.

Figura 1.

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La células almacenan su información genética en el ADN y el ARN es el encargado de realizar las instrucciones contenidas en el genoma, generalmente crear proteínas. Algunos virus, por el ejemplo el VIH, hace copias de ADN a partir de su ARN al revés de otras células cuando ha invadido una célula, lo que les permite integrarse en el núcleo de la célula invadida y permanecer allí por años. El coronavirus es más simple, su estructura de ARN se parece a la que es el responsable de trasmitir los mensajes del genoma y que es el que marca que proteínas se deben fabricar, cuando este se introduce en una célula sana se pone en funcionamiento esta maquinaria de fabricación de determinadas proteínas con una gran afinidad por las células respiratorias. 

Todas estas proteínas que el SARS-CoV-2 produce cuando infecta a una célula son las que van a tener una gran importancia en el diseño de fármacos que permitan luchar contra esta infección. Algunos de estos fármacos los tenemos en el mercado para otras indicaciones y los actuales ensayos van  dirigidos a verificar su efecto sobre esta infección.

Dado el impacto de la enfermedad y el número de infectados, en cifras absolutas que son las que preocupan al sistema para que no colapse la estructura sanitaria, que necesita hospitalización, si logramos demostrar que un fármaco reduce la hospitalización y gravedad de 8 a 4 días, por ejemplo, su impacto seria enorme (Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust).

Continuaremos.